Inicio AFP-LatinoamericaYA Un “curita-obrero” que fundió hierros en la Cuba atea

Un “curita-obrero” que fundió hierros en la Cuba atea

82
0
Compartir

El funcionario del Ministerio del Trabajo de Cuba abrió los ojos como platos y no supo qué decir cuando aquel “curita” imberbe y delgado le pidió un empleo manual para ganarse la vida sin dejar sus hábitos sacerdotales.

Era la Cuba de los años 70. Se vivía una estrecha alianza comunista con la Unión Soviética, ateísmo como política oficial, fuertes desencuentros Iglesia-Estado y marginación de intelectuales durante el “Quinquenio Gris”.

“Extrañeza, sorpresa, porque no entraba dentro de los patrones mentales”, recuerda monseñor José Félix Pérez, ahora de 70 años y quien fue el primer sacerdote-obrero de la isla cuando tenía 27. Entonces fue nombrado párroco de Jovellanos, 160 km al este de La Habana.

La respuesta tardó 10 meses, y el padre Pepe de una pequeña ciudad de 30.000 habitantes empezó a trabajar como ayudante de pailero en la fundición 2 de Septiembre.

En una época de fuertes confrontaciones ideológicas, Pérez logró un precario equilibrio.

“Él nunca hizo una crítica a los métodos políticos nuestros y como es lógico, tampoco nosotros con él”, dijo Juan Rodríguez (75 años), un revolucionario ateo que era el administrador de esa fundición estatal.

El trabajo duro no lo disuadió. “Algo que me sobrepasaba desde el punto de vista físico, pues tenía que cargar hierros muy pesados, y yo casi no podía”, narra Pérez, secretario ejecutivo de la Conferencia Episcopal desde hace 22 años y organizador de tres visitas papales.

Simultáneamente es párroco de Santa Rita, en La Habana, donde mujeres opositoras de la agrupación Damas de Blanco han asistido a misa cada domingo durante 13 años.

Carisma Foucauld

Inspirado en el carisma del sacerdote francés Charles de Foucauld y sus Hermanitos de Jesús, de hacer presente a Cristo en el mundo del trabajo, Pérez trabajó de 1974 a 1981 en la fundición, aprendiendo varios oficios, incluyendo el de tornero.

Quería “ser uno mas, sostenerme económicamente de lo que con mis manos podía obtener”, pero a diferencia de los franceses siguió teniendo vida pastoral celebrando misas, bautizos y bodas.

Dos “hermanitos” franceses realizaban entonces trabajo agrícola en una finca del occidente cubano, pero no tenían vida pastoral.

Hierros oxidados

Las ruinas de la fundición parecen ahora un esqueleto de hierros oxidados. Cerró en 1982, pero la huella de José está fresca.

Rodríguez se sorprendió cuando desde el Partido Comunista ( PCC, único) le encargaron al sacerdote como nuevo trabajador. “Del organismo superior nuestro lo que hacían era preguntar que cómo estaba él, que cómo iba avanzando, pero no había ninguna recomendación especial”.

Omar Cárdenas (77) fue su compañero de trabajo y amigo. “Cuando José llegó todo el mundo se quedó en eso (perplejos), porque era un cura, fue una impresión bastante difícil”.

En los trabajos voluntarios “cuando terminábamos, nos dábamos un traguito y él se daba su traguito también”, dice este mulato evangélico.

“Hasta el más recalcitrante se llevaba con él, lo respetaba”, agrega.

Padre Pepe

El padre Pepe, como un simple cubano de a pie, iba a la “bodega” con su cartilla de racionamiento, compraba sus alimentos y se cocinaba. “Cuando no podía, yo lo hacía por él”, dice Hilda Martínez una mulata de 70 años, trabajadora de la parroquia en aquellos años.

Antes de ser párroco, Pérez fue coadjutor en la vecina ciudad de Cárdenas, tras ser ordenado en diciembre de 1970. Ahí participó en muchos cortes de caña, incluso conserva un diploma que obtuvo por eso en 1972.

“El fue a cortar caña y se dio un machetazo y todos los compañeros de la fundición desfilaron por esa casita”, dice Martínez.

Alicia Núñez (69), actual secretaria de la parroquia, rememora: “venía con sus manos llenas de grasa propia de la fundición”, fue “sorprendente para muchos jovellanenses”.

También hubo sorpresa en el clero. El Obispo, José Domínguez “lo aceptó, aunque creo que no lo entusiasmaba mucho”, señala monseñor Pérez. Firmó la autorización ante el ministerio del Trabajo.

Los otros sacerdotes “no lo veían muy claro”, pero lo apoyaron.

En 1981 fue nombrado vice rector del único seminario de Cuba. Pero el espíritu no murió. Con una sonrisa muestra ahora una foto de 1982, en la que aparece con seminaristas trabajando en la construcción de una obra civil.

¿Cómo pudo suceder en la Cuba de los 70?. El cardenal Jaime Ortega (80) subraya que la experiencia de los sacerdotes-obreros se “internacionalizaba” en aquella época y el gobierno cubano ya había autorizado a franceses.

Cuba fue una “singularidad” en el bloque soviético. El trato a la Iglesia “nunca llegó a ser tan excesivo, tan trágico, aunque era muy duro y difícil, pero se aceptaron algunas cosas”, tras “las tensiones terribles de los años 60”.

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here