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Gran Bretaña quedó a un paso del divorcio de la Unión Europea

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Gran Bretaña y la Unión Europea (UE) quedaron ayer a un paso del divorcio, cuando los diputados y los lores aprobaron la ley que autoriza al gobierno a activar el artículo 50 del Tratado de Lisboa. A partir de hoy, la primera ministra Theresa May podrá lanzar el proceso del Brexit, un rompecabezas que podría durar hasta diez años.

En su votación, la Cámara de los Comunes rechazó dos enmiendas introducidas por la Cámara de los Lores que luego se plegó a la decisión de los diputados.

La primera de esas enmiendas preveía que May sólo podría comenzar esas negociaciones de separación de la UE si se comprometía a proteger los derechos de los europeos que viven en territorio británico. Los comunes rechazaron ese texto por 335 votos en contra y 287 a favor.

Los diputados también rechazaron una segunda enmienda incluida por los lores que daba al parlamento el derecho a “un voto significativo” sobre todo el acuerdo negociado entre Londres y sus socios europeos. Esa cláusula habría otorgado a los parlamentarios más poderes para rechazar las condiciones finales del Brexit.

La decisión de los diputados respondió a la voluntad de “no atar las manos” de la primera ministra en vísperas de las difíciles negociaciones que se avecinan con el bloque, que pondrán fin a más de 40 años de tormentosa relación.

Una vez activado el artículo 50 -antes de fin de mes-, los dirigentes de los otros 27 países de la UE deberían reunirse en una cumbre que definirá las “líneas directrices” de esas negociaciones. Con dificultad, como siempre, los europeos harán todos los esfuerzos posibles para presentar un frente común, ante a unos británicos que esperan aprovechar las eternas divisiones del bloque.

Ese complicado proceso debería durar dos años. Pero todos los especialistas concuerdan: la tarea es inmensa y el calendario del divorcio, imposible de respetar. Gran Bretaña deberá renegociar decenas de acuerdos de libre comercio firmados en todos estos años con el bloque. Eso significa millones de horas de discusiones, miles de páginas y centenares de nuevos artículos. Hay quienes evocan hasta “una década” de trabajos.

En el mejor de los casos, en estos dos años May puede esperar obtener un acuerdo marco, relativamente básico, sobre la futura relación. Habrá que negociar períodos transitorios, que serán auténticos rompecabezas: ¿cuál será el estatus de los 1,5 millones de británicos que viven en la UE? ¿Y el de los cinco millones de europeos instalados en Gran Bretaña? ¿Qué pasará con las empresas que venden sus productos financieros desde la city? ¿Qué sucederá con la factura que Bruselas presentó a Londres (unos 60.000 millones de euros) por todos los proyectos suscriptos por Gran Bretaña hasta ahora?

Si todos esos temas no obtienen una respuesta clara, el proceso bien podría transformarse rápidamente en un caos. Sin embargo, los británicos parecen no apreciar en su justa medida la tarea y los riesgos que representan todas esas incógnitas.

“El presupuesto presentado la semana pasada fue la mejor prueba”, estima el economista Guillaume Maujean. “Particularmente optimista en cuanto los déficits y las previsiones económicas, ese plan parece mirar mucho más hacia el pasado, con el objetivo de tranquilizar a la gente, que hacia el futuro, que es lo que realmente importa”, concluye.

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