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Serena Williams, la normalidad de una superdotada para el tenis

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Con 23 títulos grandes, a uno del récord absoluto, Serena Williams está muy cerca de convertirse, con 35 años, en la incontestable mejor jugadora de la historia del tenis, algo natural para la estadounidense, que siempre ha vivido con normalidad su condición de superdotada de este deporte.

Desde que le pusieron en las manos su primera raqueta, poco después de cumplir cuatro años, únicamente su hermana Venus, en sus inicios, ha sido capaz de hacer frente a su superioridad.

Fue en su infancia, en el gueto negro de Compton, en Los Ángeles, donde Serena era la hermana pequeña (15 meses) que atraía menos las miradas que la longilínea Venus.

Pero su padre Richard nunca se equivocó. Cuando un entrenador le aseguró que en Venus, entonces de 10 años, tenía a la “próxima Michael Jordan” él respondió: “No, tengo a las dos próximas”.

Antiguo responsable de una empresa de jardinería, es el hombre clave en la carrera de las hermanas Williams, a las que cinceló desde su más tierna infancia. La idea de convertirlas en campeonas la tuvo desde su mismo nacimiento.

Cuando veía por televisión Roland Garros, Richard se quedaba impresionado por la cuantía del cheque que recibían los ganadores. Entonces decidió enfocar a sus criaturas a este deporte, iniciándose en sus fundamentos a través de los libros y de los vídeos.

Niñas prodigio

Célebres desde su infancia -el New York Times publicó un artículo sobre ellas cuando tenían solo 10 años-, fue Serena la que inauguró el rico palmarés familiar en Grand Slam. Logró el US Open en 1999, justo antes de cumplir 18 años.

Luego fue Venus la que se convirtió en número 1 mundial en 2002, poco antes que su hermana. Del Roland Garros de ese año al Abierto de Australia 2003, los cuatro grandes tuvieron el mismo cartel en la final: Williams contra Williams. Lo nunca visto.

Rápidamente llegó el dinero, las marcas atraídas por estas dos singulares adolescentes que firmaban contratos de millones de dólares en una familia de 9 miembros, con otros cinco hermanos aportados por los padres de anteriores uniones.

Luego las trayectorias se separaron. Mientras Venus se mostraba como una especialista en la hierba de Wimbledon, donde ganó cinco veces, Serena extendió su doninio a todas las superficies gracias a una táctica simple: Aprovechar su incomparable potencia para golpear lo antes posible, lo más fuerte posible y así ganar por KO.

La clave estaba en no desgastarse en largos intercambios donde sus kilos de músculos finalmente supondrían una carga a mover.

¿Sus armas? Un servicio que en ocasiones superó los 200 km/h y el golpe de derecha. La confianza también, porque sabía que si jugaba su mejor tenis, nadie podría ganarla.

Cicatrices

Pero llegaron los problemas. En 2003-2004 estuvo de baja ocho meses tras una operación en la rodilla. Sólo tenía 21 años y muchos pensaban que su centro de interés pasaría a ser la moda o la televisión.

Pero volvió al máximo nivel y solo los problemas físicos la separaron de la victoria. En 2010 se destrozó los pies al caminar sobre cristales rotos y en marzo de 2011 sufrió una embolia pulmonar que le pudo costar la vida.

Estas cicatrices, pero sobre todo la desaparición de su hermana Yetunde, que murió de un disparo en Los Ángeles en septiembre de 2003, la hicieron más humana para el público.

Unos meses antes fue silbada en Roland Garros, con la afición cansada de su dominio. Amante de París, donde posee un apartamento, nadie imaginaría que una década después, entrenada por el técnico galo Patrick Mouratoglou, hablaría en la lengua de Moliere en la pista central.

Con un palmarés interminable (72 títulos de individuales en total) lo único que se le resiste es lograr el verdadero Grand Slam, los cuatro grandes el mismo año. Se le ha escapado en varias ocasiones. ¿Lo conseguirá en 2017?.

 

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