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Román Burruchaga, heredero tenista del socio de Maradona en México-86

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Con cara de niño y estirpe de campeón, Román Burruchaga, hijo de Jorge, el histórico campeón mundial de fútbol de la selección argentina en México-1986, busca emular hazañas de su padre pero en el tenis, donde ya ganó una copa del mundo entre los juniors.

El pequeño Román, de 15 años, escapó al mandato familiar de convertirse en jugador de fútbol y se transformó en una de las grandes promesas del tenis argentino y sudamericano, donde en su categoría, ya no tiene rivales.

Su padre, Jorge, manager de la selección argentina de fútbol que comanda Lionel Messi y autor sobre la hora del gol del triunfo mundialista en México ante Alemania (3-2), lo sigue a cada paso y se ilusiona con verlo jugar un Grand Slam.

“Jugaba al fútbol en River y al mismo tiempo me decidí a probar con el tenis y me encantó. Hacía los dos deportes al mismo tiempo hasta que tuve que decidir”, afirma Román a la AFP tras un entrenamiento en Buenos Aires.

Y cuenta: “Mi papá me apoyó y me dijo que eligiera lo que eligiera, lo hiciera con toda la pasión. Cuando decidí por el tenis, siempre que no podía estar en el torneo, me mandaba mensajes desde donde estuviese”.

Tenis, pero fútbol

Román no solamente tiene el mandato del fútbol por su padre, ya que es ahijado de Ricardo Giusti, un exfutbolista argentino de larga trayectoria en el ámbito local y también campeón del mundo con la Albiceleste en tierra mexicana en 1986.

Su hermano Mauro, de 18 años, hizo una prometedora carrera en las divisiones juveniles de River y se entrena con la Reserva, el paso previo a debutar profesionalmente en el fútbol.

Román, el que eligió ser distinto al resto, admira al suizo Roger Federer y al serbio Novak Djokovic, aunque mira cada partido de Lionel Messi en el FC Barcelona.

“Mi mejor golpe es el revés. Me siento muy confiado con él y es clave para mi juego”, cuenta Román, que a diferencia de su admirado Federer y como la mayoría de los jugadores, pega el golpe a dos manos.

– Campeón mundial como papá –

“Mi papá fue campeón del mundo de fútbol y, si bien yo fui campeón mundial en juniors, mi sueño es ganar la Copa Davis y definir el último punto de la serie”, se ilusiona sentado a un costado de una cancha de polvo de ladrillo.

El jovencito fue campeón mundial Sub 14 en Prostejov, República Checa en 2016, certamen que Argentina había ganado por última vez 20 años antes, de la mano de Guillermo Coria y David Nalbandian, dos de los más grandes tenistas de la historia del país.

Burruchaga, que compartió con Santiago De la Fuente (el otro gran talento de las juveniles argentinas) y Gabriel Mamani, no cedió siquiera un set en toda la competencia e, incluso, barrió 6-0 y 6-1 en la final con China.

Talento sin techo

Marcelo Miguez, entrenador de Burruchaga, afirma que es tiempo de que el pequeño vuele lejos del nido y juegue contra los mejores, en Europa.

Miguez contó a la AFP que “Román juega con 15 años contra chicos de 18 y piensa que puede ganar siempre”, a la vez que blanquea que su racha de victorias en Sudamérica apunta a dar el salto grande a Europa y Estados Unidos.

“La mayor virtud que tiene son sus ganas de ganar, porque para él nada es imposible. Va a ser jugador de ATP. Lo entreno desde los seis años y cada día juega mejor. Dios quiera que pueda jugar un Grand Slam y ganarlo”, aventura el entrenador de la gran promesa argentina.

 

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