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Pagar por billetes, la escasez de efectivo en Venezuela

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En un quiosco de Caracas, un hombre ofrece dinero en efectivo a cambio de una comisión: como un dolor de cabeza crónico, la escasez de billetes vuelve a aquejar a los venezolanos.

“¿Cuánto necesita?”, pregunta desconfiado el negociante en su pequeño puesto de chucherías, sin fijar un límite. Pide un 10% sobre el monto que entregará en cash a cambio de una transferencia electrónica, a lo que se conoce como “avance en efectivo”.

Como él, decenas de comerciantes informales ofrecen esos avances con tarjetas de débito o crédito, ante las restricciones para retirar dinero por cajeros automáticos o de las taquillas de los bancos.

Los clientes también pueden pasar sus tarjetas por un punto de venta o datáfono, en cuyo caso la comisión sube hasta 17%.

Johnny González, mensajero de 27 años, debe hacerlo para comprar semanalmente los pañales de su hija a los bachaqueros (revendedores), que en la mayoría de los casos solo reciben efectivo.

Cada paquete le cuesta 50.000 bolívares (18 dólares a la tasa oficial o 3 a la del mercado negro), pero diariamente solo puede retirar 10.000 por cajero o 30.000 por taquilla.

“No alcanza para nada y debo hacer avances en efectivo. Te quitan entre 15% y 17%”, señaló a la AFP en un banco del este capitalino.

Sin contrato fijo, González gana mensualmente unos 150.000 bolívares (nueve dólares al paralelo), que son devorados por la inflación más alta del mundo, que según el FMI trepará este año a 720% y a más de 2.000% en 2018.

“Estoy jodido”, dice.

Avances prohibidos

Además de la inflación, la falta de efectivo se produce por un desbalance entre el dinero circulante y la liquidez monetaria, indicó a la AFP Henkel García, director de la consultora Econométrica.

“El Banco Central de Venezuela (BCV) está emitiendo billetes a un ritmo por debajo de la inflación y de la masa monetaria, que ha crecido a un ritmo mucho más acelerado que la economía real”, comentó el experto.

De acuerdo con el BCV, las monedas y billetes representan 7,5% de la liquidez monetaria (39,5 billones de bolívares), cuando según García la relación era normalmente de 10% a 12%.

“Esa es la razón por la cual hay escasez, porque la cantidad de efectivo no va a la par con el crecimiento de la masa monetaria (dinero disponible)”, explicó García.

Ante el déficit de billetes, la Superintendencia de las Instituciones del Sector Bancario (Sudeban) prohibió los avances en efectivo, incluso en comercios formales, donde se ofrecía el servicio gratuito como una manera de reducir costos en la manipulación de efectivo.

Usuarios denuncian que empleados de los bancos privilegian la entrega de efectivo a negociantes informales que revenden los billetes.

Pensiones a plazos

Por motivos similares, Venezuela vivió una crisis de circulante a finales de 2016.

El problema se agravó cuando de un día para otro el presidente Nicolás Maduro sacó de curso el billete de 100 bolívares -entonces el de mayor denominación- sin que hubiera llegado al país una nueva emisión con valores más altos.

El desespero de la gente por depositar esos billetes y no perderlos, sumado a los retrasos para la entrada en vigor del nuevo cono monetario, generaron disturbios con saldo de cuatro muertos y cientos de comercios saqueados.

Aunque las nuevas denominaciones por fin llegaron a inicios de este año, Maduro ha prorrogado nueve veces la vigencia del billete de 100, que hoy representa 26,4% del valor nominal del efectivo circulante.

El billete de mayor denominación ahora es el de 20.000 bolívares, que hoy apenas alcanza para 30 huevos.

Pero es muy raro encontrarlo. “El Banco Central no nos envía suficiente efectivo, no cubre las necesidades, los nuevos billetes tampoco llegan en suficiente cantidad”, declaró a la AFP la subgerente de una sucursal financiera que pidió la reserva de su nombre.

En algunos bancos incluso los pensionados reciben su pago por partes. “Este mes ya he ido dos veces”, relató la subgerente, ella misma pensionada.

Aunque algunos comentaristas aventuran que la escasez de billetes ocurre porque el gobierno no tiene plata para pagar por su fabricación en Europa, García encuentra inexplicable la situación, pues según sus cálculos el faltante de piezas demandaría unos 18 millones de dólares.

 

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