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Nuevo panorama político en España

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Aunque el Partido Popular (PP) ganó el mayor número de escaños en las Cortes (el Parlamento español), su futuro y el de su presidente, Mariano Rajoy, queda profundamente incierto. Los resultados obtenidos por la izquierda española, dividida entre el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y el partido emergente, Podemos, presenta una verdadera amenaza al gobierno de Mariano Rajoy. Ciudadanos, la tercera fuerza política, se convierte en posible llave al tener en sus manos la posibilidad de acordar un pacto con el partido regente. A menos de que un partido minoritario o regionalista le dé el empujón que necesite la izquierda para restar el poder de quienes han tenido las riendas desde 2011.

Incluso antes de celebrarse, el 20D (como se tildan a las elecciones generales celebradas el 20 de diciembre en España), ya había cambiado dramáticamente el panorama político español. Se abandonaba el bipartidismo que había caracterizado hasta ahora a la democracia española, ampliándose el abanico de alternativas factibles al alcance del votante. El surgimiento de Podemos (partido de izquierda, liderado por Pablo Iglesias) y el fortalecimiento de Ciudadanos (partido de tendencia neoliberal, con el catalán Albert Rivera al frente) a raíz de los largos y amargos años de la crisis y la indignación con la corrupción asociada con los marchitados partidos tradicionales, permitió que se quebrara el “turnismo” en la política española. Desde 1982, la mayoría parlamentaria del país oscilaba entre el Partido Popular (centro-derecha) y el PSOE, centro-izquierda, sin que nunca existiera una fuerza política alternativa que amenazara al statu quo.

El 20D cambió para siempre esa realidad. Con el 20,66% de los votos, el partido de Pablo Iglesias se convierte en la tercera fuerza política del país, seguido por Ciudadanos, que obtuvo el 13,93%. Aunque el PP logró la victoria (28,72%), su dramática pérdida de votantes le ha costado su mayoría absoluta, mientras el PSOE queda relegado a compartir el protagonismo de la izquierda con Podemos, al obtener el 22,02% de los votos.

Izquierda Unida, el partido comunista y anteriormente la tercera fuerza política, no obtuvo ni un diputado. Entre los muchos interrogantes y posibilidades que lanzan los resultados de estos comicios quedan claras dos cosas: se trata de un Parlamento muy fragmentado difícil de gobernar, y el futuro político en España se pactará alrededor de mesas de negociaciones entre partidos tradicionales y fuerzas que hace dos años no contaban con apoyo, o incluso no existían.

De los 350 escaños en el Parlamento español, el PP se lleva 123; el PSOE, 90; Podemos, 69, y Ciudadanos, 40. Para poder gobernar sin impedimento se necesita una mayoría parlamentaria. El PP puede encontrarla pactando con Ciudadanos obteniendo 163 escaños, pero, ¿qué condiciones impondrá el partido emergente a los populares?

El PSOE sumado con Podemos lograría 159 escaños. Si Esquerra Republicana de Cataluña o algún partido de las regiones se suma a una gran alianza izquierdista en contra del PP, la presidencia de España podría quedar en manos de la izquierda, aunque la derecha haya ganado la mayoría de votos.

Si a pesar de las dificultades que supone formar un gobierno el PP logrará gobernar con el apoyo, o al menos la abstención, de alguna formación, cierto es que su gobierno minoritario sería difícil de gestionar e incluso podría resultar en la celebración de elecciones anticipadas.

El verdadero ganador de esta noche electoral fue el partido surgido del movimiento de los indignados que ocupó las plazas de España en 2011, Podemos, fundado por el catedrático de ciencia política Iglesias. De no existir en el panorama político hace año y medio, ahora queda consagrado como tercera fuerza política en el país. Aunque su auge hace un año fue vertiginoso, hace seis meses su relevancia y el impacto que podría tener se ponían en duda. Sin embargo, en las últimas semanas adquirió una tracción que hoy convierte al nuevo partido en punta de lanza del cambio político español.

Aunque Ciudadanos también irrumpió en el escenario, no lo hizo con la contundencia que indicaban los pronósticos de las encuestas. Aun así Albert Rivera puede ser fundamental en determinar el camino que siga España en los próximos cuatro años, los cuales serán determinantes para la gestión de una salida a la larga crisis y la amenaza del desencanto catalán y el consecuente creciente secesionismo.

Los ojos de Europa estarán mirando con nerviosismo el futuro político de su alumna estrella en materia de austeridad e implementación de políticas económicas definidas por la Unión Europea. Los ciudadanos del sur de Europa están rechazando dichas políticas con su voto. En el último mes, en un escenario parecido al español, la derecha portuguesa cayó a manos de una alianza de izquierda nunca antes vista. El reciente drama griego que hizo tambalear al euro encontró parte de su origen en las políticas del partido de “extrema” izquierda, Syriza, que ascendió al poder el año pasado, dejando un cierto resquemor en Bruselas hacia el quiebre de una continuidad estable en la recuperación de la crisis.

Cualquiera que sea el resultado político de los próximos días, España ha cambiado a petición de sus ciudadanos. Queda en entredicho cuál será ese cambio mientras los españoles reciben la Navidad sin tener claridad alguna sobre su futuro político.

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