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La primera en primera: Isabel Peña, la mujer que preside al uruguayo Rampla Juniors

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Isabel Peña se convirtió en la única mujer en presidir un club de primera división en la historia de la liga uruguaya de fútbol. A los 70 años, esta modista, fanática de la pelota, dirige los destinos del modesto Rampla Juniors que, afirma, es “una religión”.

Isabel vive a tres cuadras del estadio de Rampla, en el popular barrio del Cerro, una zona elevada del oeste de Montevideo. En una mañana fresca de junio recibe a la AFP en su lugar preferido: la tribuna desde donde alienta cada fin de semana al equipo del que es hincha desde que nació.

Las banquetas verdes y rojas -los colores del conjunto Picapiedra- tienen una característica especial: además de dar al gramado ofrecen una de las mejores vistas a la bahía y al puerto de Montevideo.

“Tenemos una barra (grupo de amigos hinchas de Rampla) y nos juntamos siempre acá”, explica.

Confiesa que es apasionada al punto de gritar desde las tribunas, por eso no le gusta ir a los cómodos palcos, aunque su nueva posición dentro de la directiva del club se lo marcaría.

Siempre colaboró con el club de sus amores, y participó en la organización del fútbol femenino en la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF). Siempre fue hincha. Su familia ya lo era. Así que tras su investidura, nada cambió.

“Rampla es una religión, no hay otro sustantivo que ese, una pasión”, dice con una sonrisa. “Sufrimos día a día, estamos pendientes de todo lo que pueda pasar dentro del plantel, y fuera”, explicó, para destacar “el amor que le brindan (los hinchas) a la institución”.

Ejemplo de ello fue la colaboración de los socios que el año pasado contribuyeron para que el club, que no tenía dinero para comenzar el campeonato uruguayo, pudiera ponerse al día en sus cuentas y transitara el torneo.

Rampla “se lleva tan adentro que la gente por la institución, por los colores, da todo lo que pueda. Brinda a nivel humano, también económico (…). La gente del barrio, aún sin poder adquisitivo” dona algo para el club, explica Isabel.

Es que Rampla es el típico club de barrio que nutre la historia del fútbol uruguayo: hinchas, socios, vecinos, tradición que pasa de padres a hijos. La pasión es tanta, que las cenizas de muchos hinchas están enterradas detrás de los arcos.

La primera en primera

En uno de los muros del estadio que dan sobre el Río de la Plata, un cartel en letras rojas y verdes reza: “Fútbol trabajador, fútbol solidario”.

Isabel explica que en la directiva de Rampla, todos los integrantes son trabajadores y dice que ninguno gana dinero con el club. Más bien da de su tiempo y eso la llena de orgullo.

Como primera mujer en dirigir un club de fútbol en la primera división en Uruguay, asegura que nunca tuvo problemas al moverse en un mundo de hombres y afirma que siempre fue tratada de igual a igual.

“Nunca me afectó ese tema de mirar porque estaban los hombres. Siempre estuve compartiendo, siempre se me trató con la misma deferencia”, resumió.

Fundado en 1914, el club tiene una rica pero sufrida historia, propia de las carencias de un fútbol uruguayo pobre en dinero pero millonario en talentos.

Isabel cuenta a varios hinchas famosos del club: Enrique Iglesias, el expresidente del Banco Interamericano de Desarrollo que es presidente honorario de la institución; el relator Víctor Hugo Morales, radicado en Argentina; o el fallecido cómico Ricardo Espalter, famoso en Argentina y Chile.

Desde las tribunas, un túnel empinado conduce al terreno de juego.

Isabel baja despacio los escalones del pasadizo. El equipo en pleno entrena.

El club saneó sus finanzas y no tiene deudas. Pero es difícil conseguir el dinero para pagar pases costosos.

Por eso “tratamos, ahora que estamos al día, de usar la cantera propia”, resume para referirse a los jugadores formados en la institución.

Con ese objetivo, Rampla creó un programa de apoyo y desarrollo de las divisiones juveniles, las de jugadores de hasta 16 años, en acuerdo con el presidente del argentino Estudiantes, Juan Sebastián Verón, figura histórica de ese club y de la selección albiceleste.

El entrenamiento va terminando. Los jugadores se retiran y todos saludan a Isabel que les palmea la espalda, les da un beso o les anima con una sonrisa.

“Esto es una familia grande”, concluye la presidenta.

 

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