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El baile de los que sobran

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Por: Jorge Hernán Peláez

En septiembre de 1986, el grupo musical chileno “Los Prisioneros” grababa su segundo álbum llamado “Pateando Piedras” (ver álbum ). La banda, que nació en los salones de un colegio popular, estuvo siempre liderada por Jorge González y Miguel Tapia, o sencillamente “González y Tapia” como se inmortalizaron en su éxito “¿Por qué no se van?”.  En casi toda Suramérica, los éxitos de Los Prisioneros hacían parte de las listas más importantes de la radio. Hay que tener en cuenta que muchas de sus canciones fueros censuradas por la dictadura de Pinochet, y estuvieron vetados en radio y televisión por que el gobierno chileno los consideraba como un riesgo. Eso por supuesto los volvió un símbolo de la oposición y disparó las ventas, que al principio hacían en copias de casetes.

De toda su discografía, la canción más recordada y que hace parte de ese segundo álbum, es “El Baile de los que Sobran” (Ver baile). Este año se les acabaron los juegos, los doce juegos. Nos dijeron cuando chicos: “Jueguen a estudiar”. Los hombres son hermanos y juntos deben trabajar. Esta semana los medios de comunicación en Colombia reprodujeron un vídeo de un baile, aunque sobre otro género musical, que parecía la visión de González y Tapia de hace tres décadas. La escena tragicómica muestra a los verificadores subcontratados por la misión de Naciones Unidas azotando baldosa con guerrilleras que no han terminado de desmovilizarse (Ver vídeo). Para completar la imagen, como era de esperarse, aparecieron las armas de la guerrilla que adornaban la fiesta de fin de año en la zona de pre-agrupamiento en La Guajira. Los miembros de Naciones Unidas fueron contratados precisamente para verificar la entrega de las mismas. Ni siquiera pensaron en quitarse los chalecos con el logo de la ONU para bailar. ¿Qué criterio tendrán entonces para un proceso tan serio como el que se propone? Ojalá otros verificadores tengan algo de sentido común. Conozco unos cuentos sobre el futuro. El tiempo en que los aprendí fue más seguro. Naciones Unidas rápidamente emitió un comunicado lamentando la actuación de sus subcontratistas y en menos de 24 horas ya los habían desvinculado.

A estas escenas tercermundistas, entrópicas y contradictorias ya estamos más que acostumbrados. En la zona de despeje del Caguán pasó de todo, en los sitios de reclusión del proceso de desmovilización de paramilitares del gobierno anterior también. En redes sociales se generó el debate donde aparecieron las clásicas frases “es mejor verlos bailando que matando o secuestrando gente” o “es parte de los sapos que hay que tragarse”. Hay moralistas, doble moralistas y gente que se contradice fácilmente. No quiero imaginar la campaña cuando un ex guerrillero se vaya a lanzar de candidato a una alcaldía o a una gobernación. No somos una sociedad que perdona y olvida tan fácil. ¡Y no fue tan verdad, porque esos juegos al final terminaron para otros con laureles y futuro y dejaron a mis amigos pateando piedras!

En Colombia siempre la realidad supera la ficción. Oías los consejos, los ojos en el profesor. Había tanto sol sobre las cabezas. A la guerrilla y al gobierno que negoció con ella se les ha olvidado un especial detalle. Las víctimas no han sido reparadas todavía. ¿Cómo creen que se siente la familia de un soldado asesinado, o de un secuestrado al ver este baile de los que sobran? El argumento de algunos es que es mejor baile, que continuar el conflicto. En la prensa mundial hay sorpresa unánime por el vídeo.

El proceso de negociación ya terminó y se firmó. El trámite en el congreso con los cambios luego del fallido plebiscito deja una sensación de bypass agridulce. Dentro del posconflicto observaremos nuevas ocasiones en donde el país se va a indignar. La gente tiene memoria y el campanazo del ”NO” parece que no quedó lo suficientemente claro. Bajo los zapatos. Barro más cemento. El futuro no es ninguno. ¿Y para qué? Para terminar, bailando y pateando piedras.

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