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El alcalde de Sao Paulo apoya privatizaciones en Brasil, incluyendo a Petrobras

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Ampliar el programa de privatizaciones, incluyendo la venta gradual de Petrobras, es una propuesta que defiende para Brasil el alcalde de Sao Paulo, Joao Doria, un empresario millonario volcado a la política que no descarta la disputa presidencial de 2018.

En entrevista con AFP, Doria elogió los recientes anuncios del gobierno de Michel Temer de reducir la participación estatal en casi 60 activos como aeropuertos, carreteras y hasta la Casa de la Moneda.

Para Doria, una administración privada habría blindado a Petrobras, un ícono de Brasil, contra el Lava Jato, el mayor escándalo de corrupción del país que en tres años ha llevado a más de 100 políticos y empresarios tras las rejas.

“Obvio que el gobierno precisa mantener una escala (…) pero si se hace gradualmente, ¿por qué no tener por lo menos parte de Petrobras privatizada?”, opina.

Prestado a la política

Afiliado al Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), Doria fue electo en octubre de 2016 para administrar la capital económica del país. Beneficiario del descontento generalizado con la política, salpicada por incesantes escándalos, el empresario venció al candidato a la reelección, Fernando Haddad (PT, izquierda) en el primer turno con 53% de los votos.

“No soy político, estoy en política”, dice el fundador del Grupo Doria, especializado en marketing y comunicaciones.

Su despacho, decorado con un cuadro del artista pernambucano Romero Britto, dos portadas en prensa nacional y fotos personales, exhibe los reconocimientos a su trayectoria.

“No condeno a los políticos porque, al igual que entre los empresarios, hay buenos y malos, no se puede generalizar, pero hay cansancio, la política está más decidida por las nuevas personas y propuestas”, opina.

Su estreno en la política lo catapultó como presidenciable para 2018 antes de cumplir el primer semestre en la gerencia municipal.

Criticado en la prensa por su agenda fuera de Sao Paulo y consultado sobre sus aspiraciones presidenciales, Doria reconoce que “en la vida nada se descarta”. Aunque asegura que le “enaltece” figurar en las encuestas, ahora no es precandidato a Presidente.

¿Y en 2018?

– Cada día con su agonía – responde sonriendo el Alcalde, de apariencia impecable.

Según un sondeo en junio de la local Datafolha, en un primer turno, Doria, con 59 años, obtendría 10% de los votos. El líder del Partido de los Trabajadores (PT), Luiz Inácio Lula da Silva, vencería con 30%.

A Lula, el presidente más popular de Brasil, que a sus 71 años enfrenta varios procesos judiciales y pelea una condena de nueve años y medio de cárcel, debería permitírsele volver al ruedo electoral para “desmitificarlo”, dice Doria.

– Religión en la política –

Oriundo de Sao Paulo, Doria cree que “Brasil no tiene divisiones de raza” y que, “con condiciones para recuperarse”, necesita solamente gestión, “pero gestión eficiente”, acota.

Administrar esta ciudad de 12 millones de habitantes “es emocionante” para el también periodista, esposo y padre de tres hijos.

Criticado por su abordaje de la problemática del crack, que en Sao Paulo se materializó en la llamada “Cracolandia”, Doria sostiene que su mayor desafío es “administrar una ciudad con esta dimensión, con los problemas que tiene y sin recursos”.

Argumentando que heredó un déficit de 2.500 millones de dólares de la gestión previa, lanzó un ambicioso plan de privatización.

Mercados, cementerios, los boletos del transporte público, un estadio de fútbol, una arena de eventos y más de 1.300 activos municipales integran el programa de concesiones.

Los críticos piden un plebiscito por considerar que Doria ha puesto la ciudad en venta. “La votación ya se hizo, durante la campaña dejé claro que haría esto y gané”, rebate.

Así como defiende un Estado más reducido, el alcalde, de fe católica, opina que aunque el brasileño es un Estado laico, la presencia de la religión en la política nacional “es casi una situación natural, a pesar de que no sea lo más adecuado (…) Es difícil separar, puedes intentar, pero vas a encontrar mucha dificultad para eso”.

Para Doria resta seguir la situación de cerca “para evitar exageraciones” o “injusticias”.

Consultado sobre si la religión comanda las decisiones políticas opina que “cada uno al profesar su fe escucha a su guía, reflexiona y toma su decisión, yo no decido por la opinión de los otros, decido con mi opinión e imagino que las personas deban actuar de esa forma”.

 

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