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Dayron Robles: el placer del regreso a las pistas y de un futuro en Cuba

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Sus mejores años quedaron atrás pero el campeón de los 110 metros vallas disfruta el regreso a las pistas tras dos años de lesiones. Dayron Robles dice adiós a cuentagotas antes de sumergirse en una nueva vida, en una Cuba de cambios.

A los 30 años, el exrecordista mundial compitió la semana pasada en La Habana. Detuvo el cronómetro en 13.66 segundos, todavía por encima de los 13.48 que necesita para llegar al Mundial de Londres, que se disputará del 4 al 13 de agosto.

Un resultado más que modesto para quien fue el rey de las vallas, con un tiempo de 12.87, y campeón olímpico en 2008.

Pero Dayron Robles está disfrutando su retorno. Cada mañana suda a chorros en el estadio panamericano de La Habana por “el placer” de correr.

“Estoy disfrutando cada paso que doy, cada acción, cada entrenamiento y este disfrute me puede llevar a lograr buen estado físico”, dice a la AFP el vallista tras una sesión de entrenamiento.

El imponente atleta de 1,92 m, gafas finas y cadenas de oro, confiesa ser “realista” y evita forzar su preparación para evitar riesgos. Al fin y al cabo está luchando contra su “principal enemigo”: las lesiones.

El mismo adversario que lo sacó de la ruta hacia los Olímpicos de Rio y que en 2012, en plena final de Londres-2012, le dejó grabado el “peor recuerdo” a causa de una lesión en el muslo derecho.

Robles se apoyó en jóvenes como Yordan OFarrill o Roger Valentín para volver a correr. “Estoy motivado, las nuevas generaciones me motivan a trabajar”. Ahora entrena en “el gimnasio, en la hierba, en la pista…”

Cubano 100%

Robles vive hace 16 años en La Habana y no ha pensado en irse definitivamente, pese a que llegó a competir por su cuenta, en el club francés Mónaco, lo que le valió una sanción de la federación cubana por dos años, entre 2013 y 2015.

Otros compañeros de equipo han “desertado” en busca de mejores ingresos, como el triplista Pedro Pablo Pichardo, quien en abril aterrizó en Portugual tras abandonar la concentración que compartía con Robles en Alemania, o como el también vallista Orlando Ortega, subcampeón olímpico con España en Rio.

Para Robles, “esos cambios (de nacionalidad) no deberían existir”, pero cada quién “puede elegir dónde quiere vivir”.

En Cuba ser campeón no significa riqueza. El Estado cubano le da a Robles una modesta pensión, por lo que él decidió invertir sus premios en un hospedaje familiar para turistas aprovechando la cauta apertura del gobierno a la iniciativa privada.

Robles tiene una visión para los negocios común entre las estrellas mundiales del deporte, pero poco usual en su país.

Queremos que “la gente se sienta como otros cubanos, viva como cubanos”, explica el campeón durante un recorrido por su “casa” de estilo colonial, en el deteriorado centro de La Habana.

¿Adiós a Tokio?

Natural de Guantánamo (este), Robles saltó a la fama tras colgarse la plata en el Mundial júnior de 2004, pero se unió a la élite de las vallas dos años después, cuando igualó el récord nacional (13.00) de Anier García, su ídolo y campeón olímpico en Sídney-2000.

El 2008 fue un año de ensueño con un récord del mundo en Ostrava (12.87) y la corona olímpica de Pekín, que en parte facilitó el retiro de su gran rival, Liu Xiang.

Pero después vino el caos debido a las lesiones y su pelea con la federación cubana.

Además, debió enfrentar el bochornoso episodio del Mundial de Daegu-2011, donde cruzó primero la meta, pero fue descalificado por impedir el avance de Xiang a punta de manotazos.

“Hay mucha gente que me habla, la gente hace chistes, comenta y me río”, dice el atleta, eludiendo volver sobre una “página pasada”.

Actualmente, Robles sueña con seguir el ejemplo del estadounidense Allen Johnson, un “genio” que se mantuvo en la élite de las vallas hasta los 37 años. Incluso no descarta bajar el telón de su carrera en los Juegos Olímpicos de Tokio en 2020, para cuando tendrá “sólo” 33 años.

“El resto que quisiera dar en el deporte, me encantaría dárselo a Cuba”, dice Robles, a quien también le gustaría ayudar a “jóvenes sin experiencia a realizar sus sueños”.

Por lo pronto, viene Londres. Robles intentará alcanzar el registro mínimo en Marsella el 3 de junio o en futuras competencias.

 

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